lunes, 3 de junio de 2013

Jackson Veyan en el Cementerio de la Almudena


Como me han preguntado en que parte del Cementerio de la Almudena está enterrado José Jackson Veyán, voy a dedicar una pequeña entrada a explicarlo, por si hay más interesados.
Como señalaba en la entrada anterior del blog, Jackson Veyán falleció el 31 de mayo de 1935 y fue enterrado a las cuatro de la tarde del día 1 de junio de 1935 en el Cementerio de la Almudena. El cortejo fúnebre partió de su chalet en la calle Rodón nº 10, y asistieron al sepelio además de familiares, amigos y miembro de Telégrafos, como nos recuerda el Heraldo de Madrid  representantes de la Sociedad de Autores, de la Asociación de Escritores y Artistas, de la Sociedad de Empresarios y del Circulo de Bellas Artes.
La idea original de la familia era que  el entierro tuviera lugar en Leganés donde descansaba su primera esposa Carmina Álvarez y en un panteón familiar su hija Beatriz Jackson Álvarez y varios nietos hijos de ésta última, pero por razones administrativas , de policía mortuoria, no se pudo, así que el cuerpo se inhumo en un nicho del Cementerio de la Almudena, a la espera en un futuro de trasladar los restos, pero en menos de un año estallo la Guerra Civil , y la idea cayo en el olvido.
Hace unos años  diez o quince, se nos comunicó que la parte de cementerio donde se encontraba enterrado amenazaba ruina y había que trasladar los restos. Asistieron a la exhumación mi madre y mi tía Amalia, y recuerdan con claridad  como se conservaba aún  el féretro, y como éste había sido de importantes dimensiones y muy adornado, con unos ángeles en metal que aún se conservaban.  Se trasladó  a una nueva zona de nichos en el muro que discurre paralelo a la calle de las Trece Rosas. Dejo una fotografía de la Lápida, donde se ve la numeración de la inferior para  que se pueda localizar y sobre una fotografía del Cemeterio marco en rojo el lugar aproximado.



viernes, 31 de mayo de 2013

Hoy hace 78 años que falleció Jose Jackson Veyán


Última fotografía conocida de Jacskon Veyán
A las dieciséis horas del 31 de mayo de 1935, hace hoy 78 años, fallecía en un hotelito ( lo que hoy conocemos como chalet) del nº 10 de la desaparecida calle de Rodón  en el barrio de Metropolitano de Madrid, José Jackson Veyán , a la venerable edad para aquella época de 83 años ( en realidad  los hubiera cumplido tres días más tarde , el 2 de junio),  lo que parecía un rasgo de familia pues su madre Dolores Veyán había fallecido a la misma edad. La causa de la muerte según se certifico era Uremia , y en la familia se sabe que  padeció una septicemia generalizada  porque  días antes se había pinchado con un rosal de su jardín.
Los periódicos madrileños ( El heraldo de Madrid, El Sol, La Voz, la Época, ABC…) se hicieron eco de la noticia , así como los de provincias ,pero  no con la importancia o trascendencia   que la noticia habría alcanzado en sus años de triunfo; a su entierro en el cementerio de la Almudena, acudieron familiares, amigos, representes de los autores y del cuerpo de Telégrafos. Jackson Veyán era el decano de los autores teatrales, y muchos de sus compañeros y amigos ya habían fallecido. Se encontraba ya muy alejado de los teatros, aunque seguían reponiéndose con éxito obras suyas y sus colaboraciones poéticas en las revistas eran ya muy escasas.  Serrano Anguita que  en 1952, para conmemorar el centenario de su nacimiento le dedico un bonito artículo, concluía: “ A todos los hijos los saco adelante y llegó a la vejez pobre y sin ánimos. Empezaron los desvíos, los desengaños, tal vez las ingratitudes, hasta que murió oscura y silenciosamente. Por eso con motivo de su centenario conviene presentar a Jackson Veyán como ejemplo y lección para los reyes del trimestre. No se envidie a ninguno de ellos que todos pueden perder la soberanía y hundirse en el olvido, cuando no en la miseria, y serán muy pocos los que escapen a sus rigores”.



Precisamente sacar a Jackson Veyán del que creo , su injusto olvido, ha sido siempre uno de mis objetivos y una de las razones de este blog.
Os dejo con una interesante necrológica  de la figura de Jackson Veyán  que curiosamente se publicó en un periódico federalista y republicano de Girona

D. JOSÉ JACKSON VEYÁN



HA MUERTO UN NOTABLE POETA Y FECUNDO AUTOR CÓMICO


El domingo último falleció en Madrid, a los ochenta y cuatro años de edad, el que había sido popular autor cómico y poeta. Así dan la noticia, con unas cuantas líneas más, escasas, aquellos periódicos. Realmente, ese escritor estaba hacía mucho tiempo enterrado en lo más hondo de sus recuerdos. Ni frecuentaba los saloncillos, y apenas salía de su casa; la edad , avanzadísima le vencía.
Seguramente, la nueva generación , la postgerrista, hasta ella no ha llegado, perdido ya en los grises de la lejanía, el antecedente popular del aura que tanto favoreció al graciosísimo poeta desaparecido, o en su estado de indiferencia como dicen algunos extranjeros.

Jackson y Manolito Ceballos en el jardín de su casa
José Jackson Veyán, abasteció y nutrió desde el 1871 a los escenarios donde lo alegre y lo frívolo formaban maridaje o adherencia con lo áspero y escabrosillo, pero sin llegar nunca, desde luego, a lo francamente pornográfico. Quizás a esa chusma fracasada e indocumentada de autores incomprendidos le parezca lo contrario, más si conocieran el trabajo total de Jackson, hubieran podido leer como Hartzenbusch, en un prólogo, por mejor decir, en una carta a aquél dirigida escribe: “Es usted persona de ingenio clarísimo y de buen juicio”. Y esto lleva la fecha del día 21 de julio de 1873. Y Federico Balart, en 1894, hace la siguiente declaración: “ Los versos de usted, amigo Jackson, pueden andar por el mundo sin ayo ni fiador”.

¿Y que quieren decir esas dos cartas de esos dos hombres peeminentes del Parnaso? Pues claramente que Jackson Veyán era, antes que el futuro autor de “ La gatita blanca”, un poeta sentimental, denso y de feliz numen. Pero como con la vida hay que batirse a ganar o perder, ya que ella no deja de acecharnos cautelosamente un solo momento, el jocoso escritor no tuvo otro remedio que pactar con el género chico y con el ínfimo, entregándole su musa a cambio de aquellos saneados trimestres que le proporcionaban las taquillas benefactoras. Hasta doce y catorce hijos sentaba el autor de ¡Al agua patos! a su mesa. Y fue prolífico en todo. En chiquillos y en obras. ¡y había que vivir! Ya lo decía él:

“Gracias a que tengo una lira rota,
que suena a guitarro de esos de Aragón
y ciego del Arte, cantando la jota
me pagan con creces mi pobre canción.
Mi constancia es larga s larga,
si mi ciencia es corta.
Yo soy una hormiga,
no un autor
¿Qué el arte se muere?
a mí que me importa
¡Que luche el llamado a ser redentor!
si yo no tuviera más que mi destino,
como con la paga no hay para empezar
me hubiera, hace tiempo
echado al camino
pues para los hijos no es crimen robar”

Y en otra poesía, como remate de unas estrofas escribió:

¡Que no les falta nunca
pan a mis hijos!
¡Esa es toda la gloria
que voy buscando!
Martínez Sierra, o su esposa, que lo ignoramos, ha dicho que “la vida de Jackson Veyán es la mejor de sus obras”, y no van descaminados los autores, el que firma y la señora que elegantemente se suprime, de “Canción de cuna”.
“Allá va eso¡”, y Buñuelos de Viento”, entre otros , son los más difundidos versos que ofreció a la voracidad de sus lectores el aplaudido escritor. Y ambos tiene una culminación  en la gracia, en el mejor humor y en el chiste siempre afortunado. La inspiración es veloz, como aspas de molino giratorias constantemente. Y el consonante salta alcanzado por cientos de ellos que le van a la zaga. Algunos envidiosillos le llamaban “el rey del ripio”. Abarcaba todos los metros y todas las rimas y era fastuoso en la cantidad.

“Galano en el romance,
en fábula discreto;
Humilde en el idilio,
sublime en el soneto”
Fue don José funcionario del Cuerpo de Telégrafos, y decía:
“Llegé al final del invierno,
y hago versos, y no malos
y, según dice el tío Cuerno
soy jefe de los palos
de los hilos del Gobierno”.
Compuso y estrenó más de doscientas obras con éxito indudable el veterano autor nacido en Cádiz.
“Fue Cádiz mi cuna; la suerte lo quiso
¡Tácita de plata bañada de luz!
y, siendo de Cádiz, no juzgo preciso
decirles a ustedes que soy andaluz”
El amor a sus hijos  tan grande e intenso fue como su amor al trabajo, a la faena de todo momento; por eso trabajaba mucho porque los quería más.
Oídle:
De una “Carta a un egoísta”:
“Trabajar y sonreír
luchando con escasez!
¡Tú no sabes discurrir
lo dulce que es repartir
un panecillo entre diez!
Por ellos mi fe gigante
ni desmaya ni decrece:
Por ellos me amanece
con las cuartillas delante”

Regateamos demasiado espacio en los periódicos para que puedan escribiese minuciosamente cuanto merece la figura literaria de don José Jackson Veyán ; pero sirva los trazos delineados para que el lector benévolo se dé cuenta por aquellos de que a un gigante se le conoce por un solo dedo
E. MOYRON

Publicado en L´AUTONOMISTA diari federalista republicá i d´a visos i notícies . Girona 4 de junio de 1935.


Ojo, cuando escribí esta  entrada estaba muy cansada y puse que Jackson cumpliría los años  el 2 de junio, cuando lo cierto es que nació , como podeis ver en la primera entrada del blog el 6 de julio de 1852. ¡Gracias a Carlos Figueroa!,  por advertir el error




domingo, 17 de marzo de 2013

TELÉGRAFOS. Un relato de su travesía centenaria



Hace dos entradas dedicaba un pequeño homenaje a Sebastián Olivé. Quiso el destino que falleciera  antes de poder realizarse  la presentación de su libro “TELEGRAFOS Un relato de su travesía centenaria”. El  pasado jueves día 14,  se celebró  en un acto abierto al público en el Espacio Fundación Telefónica  en Madrid la presentación de este  libro,  convirtiéndose   en un acto íntimo, emotivo y de homenaje a la figura de Sebastián Olivé, y así  creo que fui una de las pocas asistentes, que no pertenecía a la Asociación de Amigos de Telégrafos, que presidió hasta su fallecimiento, a su familia, o a sus amistades.
Los que hayáis visto recientemente la película Lincoln (donde sale una bonita sala de aparatos), habréis podido observar la importancia que la  aparición de la telegrafía  tuvo  durante el siglo XIX, pero no sólo por cuestiones bélicas, sino fundamentalmente  para el desarrollo del comercio, permitiendo una rápida comunicación de noticias entre lugares muy distantes.  El libro  de Sebastián Olivé cuenta de una manera amena, didáctica, la historia de la telegrafía ( eléctrica) en España desde 1854  hasta comienzos de los años 80 del siglo pasado en que puede hablarse de su desaparición…. Es un libro que os recomiendo, y podéis encontrarlo en librerías (creo que por 15 euros), pero también podéis descargarlo gratuitamente en PDF en la página WEB de la Fundación Telefónica  en publicaciones. (Javier Nadal, vicepresidente ejecutivo de Fundación Telefónica tuvo el detalle de regalarnos un ejemplar  a todos los que asistimos al acto). Por supuesto Jackson Veyán tiene su pequeña mención en el libro.

Siempre me ha atraído la historia de Telégrafos,  y mi deseo de conocer más de la materia iba indisolublemente unido  a mi gran “hobby”, la investigación sobre la vida de mi bisabuelo José Jackson Veyán , que destilaba amor por el “Cuerpo”  en todas las actividades en la que participa, la poesía, el teatro… ese orgullo de pertenencia a Telégrafos, que parece un denominador común de todos los “telegrafistas”  como pude observar  el otro día . Él siempre se definió como telegrafista:

En el pequeño libro de poemas “MI DESPEDIDA Colección de versos para mis queridos compañeros de Telégrafos”    que Jackson Veyán publicó auspiciado por sus compañeros del Cuerpo de Telégrafos, a su jubilación en julio de 1917,  cuando las mieles del triunfo parecían olvidadas y con ella   la fortuna, se encuentra la siguiente poesía


¡NO ME VOY!

Entre aquí en el año setenta y uno;
llevo en el Cuerpo, cuarenta y seis .
El llanto, creo que es oportuno:
¡Por eso, hermanos, llorar me veis!
-
De hojas de escala hice cuartillas
y  allí escribía mis zarzuelitas…
¡A una por guardia, vine a salir!
-
Yo , jubilarme no me jubilo:
Telegrafista siempre seré,
y en donde vea yo entrar un hilo,
detrás del hilo me enhebraré.
-
Donde me encuentre un compañero,
un Ordenanza o un Celador
¡que me saluden es lo que quiero!
¡que no se olviden de su Inspector!
-
¿Darme paga mi apoderado
como pasivo?...¡Eso jamás!
¡Me paga Delmo: mi Habilitado
que su dinero me gusta más!
-
Cerrar no quiero yo mi diario
y haré mis guardias como un señor.
¡Haré servicio de voluntario!
¡Por simpatía!...¡Por puro amor!
-
No hare lo mismo que hicieron otros.
¡Sigo en la brecha con mi fusil!
¡A mi no me echan de entre vosotros
aunque me envían Guardia Civil!
-
Si es que por viejo de aquí me arrojan
porque no sirvo para Inspector,
¡ahí va mi Titulo!...¡Que lo recojan
y que me nombren repartidor!
-
Así del cargo correspondiente
la humilde gorra podré
¡Rayos de júpiter omnipotente;
llevaros quiero en mi frente!
¡Sagrado emblema que tanto ame!

Lo curioso es que a lo largo de los años  he descubierto que la vinculación  de la familia a Telégrafos  es más amplia, y no sólo mi bisabuelo Jackson Veyán fue telegrafista , sino también  el padre de su segunda mujer Amalia Pérez Bena, rama de la que desciendo, y por tanto mi tatarabuelo  Lucio Ángel Pérez de la Santísima Trinidad , quien al igual que Jackson Veyán había ingresado en Telégrafos con 19 años de edad,  el 13 de agosto de 1861 ( a los pocos años de la creación del cuerpo) y se jubiló  como Jefe de Centro de Telégrafos  en 1907; y uno de los hijos mayores de Jackson Veyán, José Jackson Álvarez , que se jubiló de telégrafos en 1948 ;  sin perjuicio de que mi madre recuerda aún como su padre, Fernando Jackson  en los años 20 del siglo pasado trabajo como telegrafista en Monforte de Lemos ( Lugo)  y en Ribadesella ( Asturias) , me imagino que de forma temporal.


FILOSOFIAS TELEGRÁFICAS


¡Oh mundo…! Las desdichas que fulminas
son de eléctrico origen; los amores
son chispazos; corrientes exteriores
que a lo mejor nos funden las bobinas.
Las mujeres son líneas submarinas;
y tiene ya  tan falsos conductores,
que al cabo, por faltar expedidores,
tendrán que cerrar las oficinas.
Telegrama es la vida en lo que dura,
pues larga no ha de ser tan cruda guerra,
es la que al hombre su circuito cierra,
y el hundirse en la negra sepultura
es la postrer derivación a tierra.


José Jackson Veyán
 “ Mi libro de memorias”.

Os dejo con un breve vídeo de Sebastián Olivé que proyectó durante la presentación del libro, grabado en la exposición permanente que sobre la Historia de la Telecomunicaciones se encuentra en el Espacio Fundación Telefónica.