En
la noche del 25 de agosto de 1888, se estrenó en uno de los entonces teatros
veraniegos por excelencia de la capital madrileña una de las obras de José Jackson
Veyán, música del maestro Angel Rubio que más éxito cosecho y que después de la
temporada veraniega paso al Teatro Apolo y siguió representándose durante muchísimos
años, y así hasta los años 20 del siglo XX era frecuente verla anunciada en cartelera teatral. Esta obra era “¡Al
Agua Patos! definida por su autor como
juguete cómico-lírico acuático.
Ya días antes de su estreno se levantó gran expectación
y en los periódicos se anunciaba el ensayo de la obra; tal es así, que la noche
del estreno y en las sucesivas, las entradas se agotaron y el precio de las butacas se “puso por la nubes”. Al día siguiente del
estreno, el 26 de agosto el periódico “El Día" señalaba en las crónicas
teatrales “ ¡Al agua, patos! Es el titulo escogido por el señor Jackson
Veyán para una nueva producción que se
estreno anoche con éxito extremo satisfactorio en el Teatro Felipe.
El
fecundo autor ha dado una nueva muestra de su ingenio y una lección digna de
ser aprovechada por sus colegas.
¡Al
agua patos! no contiene un solo chiste que pueda tacharse de inmoral y entre sus
personajes no figura un solo torero ( en aquella época era habituales oras del género chico o del teatro por horas en la
que figurasen toreros)…” . El Imparcial del 26/08/1888 en su critica señala…Hay un coro de bañistas
muy bonito. Ellas rabotearon
gallardamente los polisones y ellos -que por la facha parecían licenciados de Cuba-
se dieron a todos los diablos el veraneo transpirenaico”
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La Vida Galante de 19 de julio de 1901 se hace eco de representaciones de la obra en el Teatro Apolo |
El
“genero chico”, que hasta allí venia siendo de una honestidad impecable, empezaba
a insinuar su camino hacia el reino de Citera. Pero muy tímidamente aún. Ni un
concepto grosero, ni una frase sin sentido. Y hasta en lo que enseñaban las
tiples y las coristas había muy limitadas exhibiciones…¡Al agua , patos!, sin
ser trascendental en sí, “refrigero” a mucha gente, “caldeó” a no pocos, dio
dinero y marcó un camino en la zarzuela cómica."
Unas redondillas pronunciadas por el personaje del bañero:
Unas redondillas pronunciadas por el personaje del bañero:
"Tras seis baños consecuentes,
el aire me presta alivio
el ser animal anfibio
tiene sus inconvenientes"
Hicieron fortuna entre el público y la expresión el"ser animal anfibio tiene sus inconvenientes" se convirtió en un clásico repetido a los largo de lo años ( y así puede leerse en los periódicos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
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