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José Jackson Veyán |
Hace ya 110 años, el Heraldo de Madrid de 25 de enero de 1902 publicó en su apartado CURIOSIDADES
TEATRALES un artículo del periodista F. Roig Bataller que bajo el titulo El
calvario de los autores, hacía referencia a las penurias y dificultades de los
autores de la época que trataban de
iniciarse en el mundo teatral y en el que incluye una interesantísima entrevista
a José Jackson Veyán , que próximo a cumplir 50 años, y en la plenitud de su
carrera teatral nos ofrece de primera mano información sobre su vida en el teatro:
“Antes existía en esta corte varios
teatros, en los cuales se adquirían las obras de los principiantes a poco
precio, y había en esto la ventaja de que le valía, si bien perdía el fruto de
su propiedad, aprovechaba los lauros de sus méritos.
Así
empezaron muchísimos de nuestros grandes autores.
Jackson
Veyán, a quien interrogué sobre el particular, me contó su historia económica y
artística, que es curiosa:
-En 1870, a los diecisiete años de
edad, estrené mi primera obra en el teatro del Recreo, titulada La mujer demócrata. Yo tenía un padre
que era autor, y que guio mis primeros pasos, que fueron afortunados.
El
mismo año estrené, con su ayuda, en La Infantil Guerra a las mujeres, disparate cómico que se hizo muchísimo.
-¡Le daba a usted por las mujeres,
D. José!
-¡Siempre! Pero La mujer democrática no me valió más que
cinco pesetas, y la Guerra, dos
cincuenta céntimos…
Pareciéndoles
excesivos, sin duda, los derechos a D. Vicente (no recuerdo el apellido),
empresario y cafetero al propio tiempo (las obritas se daban con café y algunas
con tostada), me compró la propiedad del disparate por el primer año en su
teatro en ocho duros, y me dio CINCO por el segundo.
Con
el producto de mi ignominia, como dice Pipó el Príncipe de Montecresta, me
compré un reloj de plata que daba la hora, como el empresario
susodicho.
-¿Y por qué no un hotelito?...
-Más tarde elevé mis vuelos y me
lancé al drama comprimido y estrené en el Martín
A las puertas del cielo, La Chaqueta parda y otros más que vendí a D.
Alonso Gullón a veinticinco duros, un drama con otro.
Por
supuesto, después de cobrar las seis o siete representaciones a VEINTE REALES
CADA UNA.
Tome
cierta importancia, y los dramitas Hijo de viuda, ¡Una limosna por Dios!, Vida
por vida, así como las zarzuelas, que fueron de repertorio, Música del provenir, Una onza, El estilo es
el hombre, Cascabeles y otras que no recuerdo, pero que pasan de veinte,
las vendí a cincuenta duros cada una,
antes estrenarse… Como se ve, iba prosperando en las ventas.
Por
Prueba de amor, estrenada en el Lara
en el beneficio de Matilde Rodríguez, me dieron tres mil reales.
Con
Toros de puntas se decidió mi suerte.
La
obra se estrenó en el Eslava. Después de estar en ensayo, el maestro Rubio, que
debía escribir la música, se excuso de hacerla, y me recomendó al pobre maestro
Isidoro Hernández.
La
obra, aunque peligró bastante la noche del estreno, se hizo popular por el sangá sangá y las picarescas letras del
tango (un morrongo del año 87), y no
quise venderla por cinco mil reales. Quería seis
mil.
A
los dos meses había cobrado mucho más de la propiedad de Eslava, y a la fecha
lleva producido el libro más de ocho mil
duros… que el maestro Rubio le regaló a su compañero Hernández ( q.e.p.d.).
Desde
esta obra no vendí nada, y Chateau
Margaux, Los baturros, Los zangolotinos, De Madrid a Paris, ¡Al agua patos!
(con perdón sea dicho), Primera medalla,
La caza del oso, Las Zapatillas, y otras que no cito, me han producido trimestres
de once mil pesetas para abajo.
Los
apuros de mi vida de autor han sido otros.
Yo
servía, como oficial de Telégrafos, las estaciones más próximas a Madrid, como
Vicálvaro, Leganés, El Pardo y Arganda, y desde ellas me escapaba por las
noches a presenciar mis estrenos. Y muchas veces al salir a escena veía en una
butaca al jefe de la Central, mi inmediato superior, aplaudiendo como todos,
moviendo la cabeza al mismo tiempo, como diciendo:
-¡No
te quiero conocer!
Una
de las veces al regreso de un estreno, me recibió el jefe, que, enterado de mi
ausencia, y de mi triunfo, me felicitaba con una mano y con la otra me imponía
un correctivo, pero dulce y paternal.
No
olvidare jamás este noble comportamiento de mis superiores, así como recordaré
siempre aquel estreno al que fiaba la salvación de mi casa y la comida del día
siguiente.
-Mira, Pepe -me dijo mi mujer-: no
dejes de pedir dinero a cuenta de la obra, porque ya sabes como estamos.
Y
en efecto, con las emociones y las alegrías del triunfo me retiré sin acordarme
del encarguito.
Lo
realicé por la mañana de prisa y corriendo, por que había llegado la hora de la
prosa.
-¿Tiene
usted horas fijas para trabajar?
-Si, señor,
no escribo más que tres horas al día, por la mañana temprano casi siempre, y
tardo de cuatro a cinco días en cada obrita en un acto. No suelo corregir nada,
y de ahí los ripio que coloco como relleno, y que quedan por falta de pulimento
en la versificación… Eso sí, me las arreglo como puedo sin arreglos del
francés, y lo que estreno es malo, pero es mío.
-Y da
dinero; si señor.
-Como
autor, puede decirse, que no he tenido más calvario que el de trabajar mucho y
cobrar poco al principio. Pero no lo tuve por que mis obras se estrenaron sin
dificultad, por ser el hijo de un autor y primer actor conocido, amigo y
compañero de todos los directores de teatro de Madrid.
Tampoco espero los desengaños tristísimos
del autor viejo, por que sigo en Telégrafos y a los sesenta y cinco años podré
jubilarme con 30.000 realitos… Esa es mi obra.
-¡Meritísima!
Hay que llamarle a usted a escena.
-Lo
que más me ha costado es acostumbrar al público a mi apellido y lograr que lo pronuncien
bien. Pero lo he logrado también.
-En
efecto. Es de los que suenan más."
F. Roig Bataller
P.D. La foto que incluyó de José Jackson
Veyan ( creo que es de 1904 por la
referencia a la obra La Venta de Don
Quijote de Carlos Fernandez-Shaw estrenada ese año) la he obtenido de la Fundación
Juan March. Fernández Shaw, Carlos. Archivo de Carlos Fernández Shaw [en
línea]. Madrid: Fundación Juan March, 2011. [Consulta: (05/05/2012)].
Disponible en Web: http://www.march.es/bibliotecas/legados/cfs/.
Como curiosidad he de señalar que una de
las biznietas de Carlos Fernández-Shaw al que Jackson Veyán dedica la foto es gran
amiga de mi hermana Macu y mía .
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