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domingo, 4 de marzo de 2018

Tras los pasos de Jackson Veyán en Cádiz



Hoy publico la entrada número 100 del blog. 

Parece mentira  que hayan pasado casi 10 años desde que me inicié en esta aventura,  que tenía  únicamente por objeto la recuperación de la olvidada figura de José Jackson Veyán, y poder transmitir  los conocimientos que había y he ido adquiriendo  sobre él, desde que tenía 13 años.

Un hobby, el recopilar la información sobre el “abuelo” del que tanto me hablaba mi madre, y al que he llegado a querer y admirar desde la distancia que da el tiempo; que me ha dado muchas satisfacciones y me ha permitido conocer a gente muy interesante y muy apasionada por su trabajo, y a recuperar  ramas familiares con las que habíamos perdido el contacto.

Por eso hoy dedico esta entrada al origen…, al nacimiento de José  Jackson Veyan, sobre el que descubrimientos recientes me permite rellenar lagunas, que desconociamos en la familia .

Sabíamos que José Jackson Veyán había nacido en Cádiz el 6 de julio de 1852 (1*), nos lo contaba él mismo en "Autobiografías de escritores festivos contemporáneos":



"El seis de julio de 1852, en la hermosa ciudad de Cadiz, y á las doce del día, como quien dice cara la sol, asomé la mía á este valle de lágrimas.
Ni repicaron las campanas, ni hubo salvas de artillería. Nací humildemente en el seno de mi familia, sin pompa ni ruido, como nacen los hombres de talento que desprecian las vanidades del mundo.
Subamos á mi árbol genealógico, aunque sea expuesto el andarse por las ramas.
Mi abuelo paterno era inglés. Lo confieso sin rubor. El pobre no tuvo la culpa de nacer en Londres.
Mi apellido Jackson, quiere decir por contracción, hijo de Jacobo, como Martinez, en español indica hijo de Martín y Fernández, hijo de Fernando.
Hubo un Jackson, general norte americano y presidente de la República de los Estados Unidos pero no me tengo por descendiente suyo.
Me resisto a creer que un Presidente haya venido tan á ménos.
En mi masa sanguinea hay de todo como en botica.
Mi abuela paterna era de Medinea-Sidonea. Mi abuelo materno aragonés. Mi abuela materna de Cartagena.
Mi padre nació en Cádiz, mi madre es catalana y yo nací también en Cádiz, cuna de la libertad y de la pescadilla.
Mi carácter es por lo tanto un pot-pourrit de aires nacionales, sobre un motivo de jiga inglesa".

Pero retrocedamos unos meses antes, concretamente 9 meses y 5 días antes.

Es el  1 de octubre de 1851. 

Iglesia de San Lorenzo. Cádiz 
Ese día, y en la Parroquia de San Lorenzo Mártir de  Cádiz, (situada en la actual  calle Sagasta n.º 55) , contraen matrimonio, Eduardo Guillermo Jackson Cortés, soltero, de 25 años de edad, natural de Cádiz y actor dramático con una jovencísima María Dolores Veyán, de 18 años, natural de Cataluña (en concreto de Villanueva de Sitges). 

Residen los contrayentes , en la calle de Capuchinos  (2*).



Así lo sabemos del Registro del Matrimonio (3*)

Registro Matrimonio. www.familysearch.org

Figuran como padres de los contrayentes, por el novio Tomas Jackson, natural de Londres y dedicado al comercio y  Dª Manuela Cortés natural de Medina Sidonea (Cádiz). Y de la novia, Eusebio Veyán de Zaragoza y María Montserrat  natural de Cartagena de Levante .

Encuentro también que en esa época y en la misma calle de Capuchinos viven la hermana de Dolores, Luisa Veyán y su esposo el tenor José Santes, quien colaboró con Jackson en sus inicios  

Actual calle Sagasta con la Iglesia de san Lorenzo al fondo. Cadiz
Wikimedia




Nueve meses más tarde al matrimonio, viene al mundo nuestro protagonista, que es bautizado en la misma parroquia  en la que se casaron sus padres como“José María Tomás” (este último nombre en honor a su abuelo paterno) y vemos que en sus versos Jackson Veyán fue muy preciso pues vino al mundo, como sostenía,  a las 12 horas del mediodía.





Se repiten los datos de los abuelos si bien con algún error en la grafía de los apellidos, lo que era muy habitual en la época.

Registro de nacimiento. www.familysearch.org


También he encontrado el rastro en Cádiz del verdadero origen de los Jackson, del inglés Thomas Jackson, pero eso será objeto de una siguente entrada...



 (1*) Algún autor, no sé la razón, sin embargo afirmaba que había nacido en San Fernando.

(2*) No podemos saber el número exacto actual de calle de Capuchinos  donde vivían los padres  porque la numeración de las casas que era muy peculiar en aquella época y no se correspondía con el sistema actual de numeración de las  calles. Lo que si podemos es ubicar la calle de Capuchinos, que no coincide con las actuales "Cerca de Capuchinos" y "Plaza de Capuchinos". Hasta mediados del siglo XIX la Calle de Capuchinos, comprendía el tramo de la actual calle Sagasta desde el Campo Sur hasta la calle Hospital de Mujeres. Es decir, vivían y nació Jackson Veyán  en la misma calle que la Iglesia de San Lorenzo y seguramente en el tramo más próximo a la misma. Según consulta de "Cronología de las denominaciones de las calles de Cádiz" de Juan José Ariza Astorga

Google maps. Marco en amarillo el tramo de la actual calle Sagasta que comprendía la antigua calle de Capuchinos. El punto rojo señala la Iglesia de san Lorenzo 


(*2) Gracias a los convenios de diversas administraciones con  La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se están digitalizando numerosos registros parroquiales de toda España anteriores a 1870, en este caso de Cádiz  en colaboración al Archivo Histórico de dicha provincia .

martes, 2 de febrero de 2016

"Pelos en la cara", manual hipster por Jackson Veyán



Desde que los “Hipster” han puesto de moda el vello facial, nos inundan imágenes de todo tipo de barbas y bigotes  que nos hacen retroceder el en tiempo.
Hoy traemos una artículo de José Jackson Veyán, que se publicó en varias revistas de la época ( finales del siglo XIX) y recopiló en “Prosa Vil”;  recobra actualidad y constituye un manual para hipster y otro amantes de “los pelos en la cara”.

PELOS EN LA CARA

Ellos constituyen la ambición de todos los  aspirantes a hombres, ya se hallen en estudios mayores o menores, o ya barran las tiendas y hagan recados, que es el «año preparatorio» para la carrera del comercio.
Desde que «apunta» el bozo hasta que «dispara», pasan unas angustias crueles los jóvenes imberbes, que se tocan todas las mañanas el labio superior, con la esperanza de encontrar esos cuatro pelos precursores del bigote.
La corteza de tocino no da resultado. La pomada de paciencia es la única que le hace brotar al fin y al cabo.
Jackson Veyán
En teniendo «pelos en la cara», ya, ninguno se puede dejar pegar impunemente, y esa es la cuestión más «peliaguda».
Sin bigote, grande o chico, no se debe hacer el amor a ninguna mujer.
No se comprende un Tenorio que no pueda retorcerse las guías.
El bigote casi siempre tiene un nacimiento laborioso.
Lo primero que suele presentarse es esa «pelusa de melocotón», a la que, los jóvenes agraciados, llaman «patillas» con el mayor descaro del mundo.
Conviene afeitarla para que brote con más fuerza, pero no hay chico que no se decida a quitarse esas dos sombras de algodón en rama. Lo que hacen es pasarse el peine a «contra pelusa» para estufarla más, y cuando pasan cerca del tranvía retiran la cara, para no enredarse con una de las plataformas y detener la marcha del vehículo.
Ha habido muchos hombres de corazón con la cara limpia como mujeres; y se comprende su valor. ¡Como que nadie podía «subírsele a las barbas»!
Sin embargo, pocos quieren el valor a tan alto precio, y casi todos preferimos los «pelos en la cara» siquiera por tener algo con que entretenernos.
Un bigote de cerda, de esos cortos y poblados, puede de servir como cepillo de uñas en un apuro.
Una barba larga y sedosa puede utilizarse como plumero si llaga el caso, y una perilla puntiaguda puede servir de pincel, y venirle a un artista que ni «pintada».
Por los pelos de la cara puede conocerse perfectamente la profesión y hasta el carácter del individuo.
La barba corrida es la más general, y adorna lo mismo a los nobles que a los plebeyos.
La variación consiste en la forma y en el cuidado con que se trate.
Dejándose la barba, no tienen que hacerle a uno «la barba», lo cual es ya una razón económica do mucho peso.
Con dos visitas al mes al peluquero, puede cualquier barbudo presentarse en sociedad decentemente.
Tomás Bretón
La barba «partida por gala en dos» se lleva poco, aunque tiene la ventaja de poderse acariciar con las dos manos, lo cual resulta muy entretenido.
La barba «chic o fin de siécle» es la que termina en punta , y entre otras ventajas, tiene la de que las corbatas no duran ni tres días con el roce de la brillantina.
La «sotabarda», como su nombre indica, es el «grado inmediato anterior».
Cuatro pelos en forma de barboquejo, que se corren de oreja a oreja pasando por la nuez.
Este adorno hace muy bien en un banquero acaudalado, en un contramaestre o en un Ministro de Hacienda.
Antiguamente llevan sotabarda muchos usureros. Hoy no reparan en «pelillos», y lo que suelen llevar casi todos es... el «doce por ciento» al mes, que hace muy buena cara.
Tomás Luceño
Las patillas cortas unidas al bigote, estuvieron de moda algún tiempo.
Hoy no las gastan más que algunos comisionistas de tejidos o viajantes de bisutería.
Las patillas largas, sin bigote, no las usa nadie más que Tomás Luceño. Y algún que otro  camarero de restaurant o de café, o portero de casa grande.
Las patillas solas, sin el frac, sin la servilleta al hombro o sin el levitón con botones dorados, hacen muy mal, aunque le pese a mi distinguido sainetero y taquígrafo de ambas Cámaras.
La perilla ancha y unida al bigote en forma de candado, da el aspecto de traidor de melodrama o de jugador.
López Silva
 La verdad es que una cara con «candado» parece que está «echando la llave».
El bigote estrecho y la perilla estrecha visten muy poco.
Un hombre con bigote y perilla en esa forma no puede ser más que alférez, poeta, o pito de alabarderos.
El bigote con mosca es patrimonio exclusivo de tenientes de la clase de tropa.
No sé romo hay quien pueda resistir «una mosca» siempre debajo de la nariz.
La patilla recta y corta, sin bigote, está pidiendo a voces unas cuerdas al hombro, y con ellas se puede llevar un mundo a cualquier parte.
Esta clase de patillas con bigote corto y perilla, constituían el adorno de los antiguos progresistas.
No desperdiciaban nada los pobres señores.
La verdad es que gracias a esos cuatro pelos y a sus muchas combinaciones, pueden algunos caballeros estar cambiando de cara todos lo días
 ¡Y conste que el asunto de estas líneas no puede estar más «traído por los pelos!»

Jóse  Jackson Veyán.


Ilustran fotos de "amigos" de Jackson .


Para finalizar otras etapas de la "barba" de Jackson Veyán









domingo, 11 de octubre de 2015

Tipos madrileños III: "Los mangueros de la villa" por Jackson Veyán



No hay tema que más quebraderos de cabeza suponga para un alcalde de Madrid, que el servicio de limpieza  ¡Que se lo digan a Doña Manuela Carmena, actual alcaldesa de la Villa y Corte y a los sufridos madrileños¡. Pero como siempre decimos en este blog, la historia no hace sino repetirse. Retrocedamos unos 117 años atrás, a finales del siglo XIX y en una España también en crisis, concretamente a 1898; el 14 de julio el diario “La Época se hace eco de la siguiente noticia:

“REVISTA del servicio de limpiezas
A las doce del día, con un sol tropical, se ha verificado hoy en el paseo de coche del Retiro la revista del ramo de limpieza y riegos.
Ha sido presenciada por el alcalde-presidente , señor con de Romanones, concejales, inspector del ramo inspector de policía urbana y prensa
Los barrenderos, carreteros y mangueros, han estrenado un nuevo uniforme, consistente en blusa de lona rayada, pantalón de pana color café, no muy apropósito para el tiempo que disfrutamos, y sombrero gris de ala ancha.
El material es muy deficiente, pues solo hay para  el servico del interior y extrarradio 38 cubas de riego, la cuarta parte de las necesarias, 7 cubas pneumáticasa para la limpieza de pozos negros y una cantidad insignificante de desvencijados carros arrastrados por escuálidas mulas que apenas pueden con los huesos.
El número de individuos afectos al servicio de limpiezas es de 450, con los cuales no puede hacerse el barrido y riego de Madrid, sobre todo hoy que el extrarradio  que llega hasta Tetúan por la parte Norte.
Hace diez años cuando la población era bastante más pequeña, había 800 barrenderos, número que ha disminuido anualmente en perjuicio del vecindario y de la higiene.
El Ayuntamiento debe poner atención en mejorar este servicio.”


Nos suena, ¿verdad que sí?. Pues hoy vamos a ocuparnos de uno de esos tipos madrileños, habituales de la calle de aquel Madrid, y de sobra conocido por todos : “los mangueros de la Villa” también conocidos como regadores, a lo que de pequeños provocábamos con aquello “la manga riega que aquí no llega…”, y a los que José Jackson Veyán dedica unos versos en el Blanco y Negro de 5 de noviembre de 1898:

Los mangueros de la Villa


No hablo de los concejales
del ilustre Ayuntamiento,
que mangas y capirotes
suelen hacer. Los mangueros
a quienes aludo, son
los de las mangas de riego.

Van por parejas, lo mismo
que los señores del cuerpo
de Orden Público, causando
más temor y más respeto
que los cachazudos guardias,
aunque sin armas de fuego.

El guardia, si llega el caso
raro de que llegue a tiempo,
media una vez , y otra vez,
y otra, en riñas y jaleos,
hasta que al fin se convence
de que es inútil su esfuerzo
como dijo , muy bien dicho,
Don Ricardo el sainetero (1)
en Los baños celebrados
del Manzanares , modesto.

En cambio, los de la manga
como al aviso primero
al infeliz transeúnte
no se les quite de en medio,
le echan el Lozoya encima
y lo ponen como nuevo.

Son el terror de esos trajes
baratos, que venden hechos,
porque se le va la goma
con el líquido elemento,
y se queda el parroquiano
peor que si fuera en cueros,
en un cedazo metido
que apenas le cubre el cuerpo.

Nunca dicen:”¡Agua va!”.
Imitando a los cocheros
cuando el peligro esta encima
Dicen: “¡Eh!” con voz de trueno.

Vestidos de rayadillo
y con sombrero ancho
color de ceniza, corren,
manga al brazo , en todo tiempo.

El que hace la puntería
es un hombre hecho y derecho
el que dispara la pieza
es un rapaz inexperto
y  los dos, sin que yo trate
de ofenderlos, son gallegos.

Los perros de Terranova
son sus amigos más tiernos
y a honesta distancia buscan
el chorro abundante y fresco,
pero los galgos ingleses
y chinos, de poco pelo,
como almas que lleva el diablo
salen de la ducha huyendo.

¿Qué seria, sin las mangas
de los pobre betuneros?
El sucio lodo salpica
de blanco calzado negro
y de negro de bordequín
de color de caramelo.

El que se mete en los charcos
como todos nos metemos
y es aseado, se deja
en el salón veinte céntimos.

No hay bien que no produzca
un perjuicio manifiesto
Pero hoy en la capital
de España, son los de riego
la salvaguarda del orden.

Hoy ya no levanta el pueblo
barricadas en las calles;
no hay manolas ni chisperos;
la antigua gente del bronce
ha venido muy a menos
y si cuatro revoltosos
dan gritos contra el Gobierno
sin que la Guardia Civil
contravenga al reglamento
hiriendo al vecino honrado
y no al criminal perverso,
con las mangas de la Villa
y un gobernador resuelto
que tenga un poco más de ancha
la manga que los mangueros
el orden está seguro
y seguro el Ministerio.

José Jackson Veyán

Blanco y Negro

5 de noviembre de 1898


(1)          Se refiere a Don Ricardo de la Vega, famoso  sainetero y autor entre otras del libreto de la popular “Verbena de la Paloma”.


Fuentes:

Textos: Archivo personal, y Hemeroteca de la BNE
Fotografías:
Blog de Historias matritenses. “Tipos , tipillos y Tipejos” de José Manuel Seseña Molina http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2012/12/tipos-tipillos-y-tipejos-de-madrid.html
Artículo “Un paseo en tres dimensiones por la España del siglo XIX” de Rubén Diaz Caviedes http://www.jotdown.es/2013/10/un-paseo-en-tres-dimensiones-por-la-espana-del-xix/
 
Blanco y Negro 5 de noviembre de 1898