lunes, 17 de febrero de 2014

"Los trabajadores" de Jackson Veyán y Chapí



Ruperto Chapí. Fuente BNE

Con ocasión del homenaje que el Teatro de la Zarzuela de Madrid dedica  estos días al maestro Ruperto Chapí, con la representación de la obra “Curro Vargas”, quiero destinar alguna entrada de este blog a la colaboración  de Ruperto Chapí y Jackson Veyán, que se concretó en cuatro obras: una más conocida como “El barquillero”, y otras que han caído injustamente en el olvido como “Los trabajadores”, “El sí natural” y  “La chica del maestro”.

Hoy vamos a ocuparnos de “Los trabajadores”; situémonos…nos encontramos en Madrid a comienzos  del año 1891, concretamente en el día 10 de  un frio mes de enero ( las crónicas hablan de temperaturas de 8 grados bajo cero), cuando  en el Teatro Apolo,  el maestro don Ruperto Chapí quien llegó a ser uno de los músicos más importantes del panorama musical español de todos los tiempos, con obras  como la Revoltosa, El Rey que rabio, El tambor de granaderos, La Bruja, la Tempestad o El puñao de rosas ( por citar alguna de las más conocidas), y empezaba a despuntar en el género lírico ( tanto en zarzuela grande como “género chico”) , estrena junto a José Jackson Veyán, el pasillo cómico-lírico en un acto “Los trabajadores”, lo que constituiría su primera colaboración.

La obra es un éxito a su estreno y así siguió representándose durante varios días  en primera y cuarta función del Apolo. Al día siguiente las críticas son buenas,  un ejemplo representativo es el crítico teatral de El Liberal de 11-1-1891

“TEATRO APOLO “Después de La leyenda del monje era lo único que le faltaba al teatro de Apolo: un éxito como el que se alcanzó anoche la obra titulada Los trabajadores, letra de D. José Jackson y música del tan inspirado como infatigable maestro Chapí.
Y no hay que decir que el público se mostró reservado, pues en cuanto se levantó la cortina, empezó a aplaudir, primero al cuadro, que de verdad está muy bien dispuesto y es alegre, después a la decoración, también muy hermosa, y que valió la Sr, Amalio los honores del proscenio, que decía antes, y últimamente al primer número de música-un precioso coro de herreros, carpinteros y albañiles-digno en todo de su autor y que se repitió una vez, y que sin la impaciencia del público por conocer los que seguían, se hubiera repetido otra vez.
Después de todo fue viento en popa, y no podía menos, porque el libro es, en nuestro concepto, de lo mejor que ha escrito el Sr. Jackson y los números de música no desmerecen del de que  a muestra que hemos hablado.
La obra está muy bien escrita y es muy entretenida, mereciendo especial atención el parlamento tierno y bien sentido de un aguador que cuenta la historia de un compañero que murió en Madrid, sintiendo la nostalgia de la tierra. Fue extremadamente aplaudido y con justicia.
De la música ya hemos dicho bastante, pero por si no lo fuera, añadiremos que se repitieron cinco números.
Hay trabajadores y trabajo en Apolo para mucho tiempo.
Al final de la obra salieron a escena muchas veces los autores y los artistas, que estuvieron muy bien, y de los cuales no citamos a ninguno por no citar a todos.


Sin embargo cabe destacar la crítica de El Imparcial de 11-1-1891, en el que se ofrece una visión completa de la obra y del sentido buscado por su autor.

“Es eminentemente democrática la obra estrenada anoche. Llega hasta los umbrales del socialismo, pero sin trasponerlos (1). Y de ella resulta la apoteosis del trabajo, tanto más meritorio y hasta heroico cuanto menos retribuido. Los trabajadores vienen a ser un juguete con tesis.
Lo de la tesis fue, sin embargo, lo de menos para el público, porque éste iba llamado por la música de Chapí, y a escucharla y aplaudirla se dedicó principalmente desde que se alzó el telón hasta la última escena inclusive.
El primer cuadro es muy notable, estética y musicalmente. En el patio de una casa de vecinos aparecen grupos de carpinteros, albañiles, ribeteadoras, cerrajeros y planchadoras, y allá en el corredor, una peinadora, todos los cuales intervinieron por turno en el coro que, por lo hermoso, entusiasmo al auditorio y fue repetido entre aplausos nutridísimos.
La acción empieza a complicarse por efecto de los amores de un abogado “de pobres” con una joven desgraciada, y aquí entra un toque dramático-popular, que interesa y hasta conmueve.
Suenan las doce, y los trabajadores abandonan sus faenas; pero antes de retirarse por el foro vuelven a cantar, y el cantico se repite a instancias de casi todos los espectadores.
El motivo de ese cantico es una disputa o , mejor dicho, una polémica entre los hombres y las mujeres sobre la desigualdad de sus jornales respectivos.
Y por más que unas y otros se desgañitan, la desigualdad queda en pie.
Durante la suspensión del trabajo llegan a la casa un mozo de lavadero, dos aguadores y un actor viejo y tronado. De éstos los únicos que dicen algo de provecho son los aguadores. Pachin cuenta a su amigo Xuan la historia de uno de Pravia que durante catorce años llevó en Madrid la cuba al hombro, y falto de pulmones, fue a morir en el hospital con la pena de no haber vuelto a pisar la tierra nativa. Esa historia es verdaderamente patética. Al terminar, Pachin lloraba a todo trapo. (2)
-Bah!...¡Cosas de aguadores- decía él mismo-que hasta por los ojos echan agua!
Y Pachin (Pepe Mesejo) fue muy aplaudido por lo bien que había contado la historia de su paisano.
De la letra es, quizá, esta parte la mejor de toda la obra.
Un dúo entre la peinadora y el carpintero (Leocadia Alba y Emilio Mesejo), un schotis cantado y bailado por Luisa Campos-en clases mozuelo calavera-y la jota del final alcanzaron también los honores de repetición.
A todo esto nada se había vuelto a saber de los enamorados, hasta que por fin se casan; pero ya cuando estaba a punto de caer el telón. Si se descuidan un poco no dejan sin boda.
En suma Los trabajadores, juguete a ratos es una obra seria, que por igual honra la autor de la letra y al de la música, quienes el público aplaudió de verdad e hizo salir a escena multitud de veces.”



Dedicatoria del libreto




Cuando se publicó el libreto, José Jackson Veyán dedicó el mismo al Centro Instructivo del Obrero, quien el 14 de ese mes le nombro Vocal de su Junta directiva (gracias a mi tía Amalia tengo en mi poder el título de concesión  con la firma de su Presidente, D. AlbertoAguilera (político, que fue gobernador civil, diputado, senador, Ministro de la Gobernación  y alcalde de Madrid – y que conoceréis los madrileños por la calle que lleva su nombre).








Nombramiento como vocal de Jackson Veyán
























En la representación de la obra confluyeron varias generaciones de actores, como José y Emilio Mesejo o los Alba, el padre Tomas y sus hijas Leocadia e Irene (origen de la conocida saga teatral Gutiérrez Caba). En agradecimiento a su labor  Jackson Veyan le dedica unas palabras en el libreto:

CUATRO PALBRAS
Fuera injusto si no hiciese contar a la cabeza de esta obra lo mucho que tengo que agradecerá al cariño con que estudian sus papeles todos los artistas en cargados de la interpretación.
Leocadía Alba, inimitable en su peinadora.
Luisita Campos, graciosísima en su difícil papel de sietemesino, y haciéndose aplaudir.
Irene Alba, muy guapa en su costurera, y diciendo con naturalidad y sentimiento.
Pepe Mesejo, apartándose de su constante tarea de hacer reír, consiguió un legítimo triunfo en su difícil papel de aguador asturiano, diciendo los versos y sintiendo las situaciones de maravilla, sentando para siempre su fama de notable primer actor.
Manolito Rodríguez, en el mozo de cuerda, hecho un “real mozo”, y en el cómico viejo, hecho un jubilado del arte, con todo el haber que por clasificación le corresponde.
Así se caracteriza los tipos, y así se conquistan aplausos.
A Emilio Mesejo le han hecho proposiciones varios maestros de obras. Tales son la propiedad con que sierra y el ahínco con que cepilla. ¡Ole, por los carpinteros que saben ganarse el jornal¡
De Jerez, joven y aventajado actor, sólo diré que en primer pleito que tenga le encomiendo la defensa, seguro de no pagar costas.
En cuanto a sea ministro de Gracia y justicia, de abogado de los pobres lo elevo a fiscalía del Supremo.
Pascual Alba hace un zapatero aragonés que honra a la clase. Desde hoy queda encargado del calzado de toda mi familia.
Ruesga, Castro y Soler están dentro de sus papeles y merecen justa alabanza. La salvador y la Banovio, hechas dos chulas de verdad.
Y el coro de ambos sexos trabajando con fé; que no por ser humildes obreros han dejado de contribuir al éxito.
Mi enhorabuena a todos y a la Empresa que no ha omitido gastos en obsequio de la obra
EL AUTOR.


(1)          Lo dirá el crítico  por el coro de planchadoras que ya anticipamos en facebook y en el que las trabajadoras se quejan de cobrar menos que los hombres?
"Yo no sé por qué motivo
no ha de haber aquí igualdad,
y el trabajo de nosotras
vale siempre la mitad.

Con la aguja sin descanso,
Con la plancha sin descanso,
desde que amanece Dios,
y nos dan una peseta
cuando al hombre le dan dos.

Esto no es posible;
no habiendo igualdad,
hago el mejor día
una atrocidad.
Si nos pronunciamos
pronto debe ser.
¡No hay mayor desgracia
que nacer mujer!"
(2)         La figura del aguador característica en el Madrid de los siglos XVI a XIX, profesión desaparecida con la canalización del agua a la viviendas. El aguador con una cuba al hombro , subía por un precio no elevado el agua potable desde las fuentes públicas a las casas ( las más pudientes y los eclesiásticos solían tener fuente propia), y llego a ser una profesión reglamentada en el que el 96% de sus miembros en Madrid eran de procedencia asturiana. Pio Baroja los describe así; “El aguador era uno que daba cierto aire campesino a la calle. Casi siempre asturiano o gallego, vestía con calzón corto, chaqueta pequeña, un trozo rectangular de cuero sobre el pantalón en el muslo derecho, para apoyar la cuba antes de echarla al hombre y una montera en la cabeza. El traje del aguador era de un paño que ya no se ve en ninguna parte, macizo y duro como la piedra. A veces el hombre llevaba patillas y a veces sotabarba; solía estar sentado, esperando la vez sobre la cuba, alrededor de las fuentes viejas que se llamaban de los antiguos viajes de Madrid, que eran de agua salina, agua gorda que se consideraba, por puro misoneismo, mejor que el agua casi destilada del canal de Lozoya.”
Aguadores en la Fuente del Berro . Fuente memoriademadrid
Para los interesados en la lacrimógena historia que narraba Pachin y que hacia llorar al público os la trascribo:
Situémonos en la escena: dos personajes, Pachín un “verdadero aguador” ya viejo, y Juanón recién llegado de Asturias- robusto y sano que contrasta con la palidez y cansancio del primero.

Pachín cede su cuba y su plaza de aguador  a Juanón  porque desea regresar a su aldea y en medio de la conversación le relata la siguiente historia:

“Nos pasa  a muchos lo que a Pedrín.
Él nuestro oficio retrata.
Siéntate sobre la cuba,
sobre el verdugo descansa,
que cuando al hombro la lleves,
se tomará la revancha,
y acerca del buen Pedrín
 escucha cuatro palabras
(Juanón se sienta sobre la cuba, y fuma una colilla que sacara de la oreja)
En una pequeña aldea,
junto al Concejo de Pravía,
a la orilla del Nalón,
hermosa cinta de plata,
en cuyo fondo rebullen
las truchas asalmonadas
En un pobre caserío
que a veces inunda el agua
y con vergüenza de verse
en el rio se retrata,
Allí nació el buen Pedrin
y pasó su alegre infancia
entre verdes maizales
y entre espesas pumaradas.
Pedrín sabía que a Oviedo
va una carretera blanca
que a dos leguas de la aldea
por entre montes pasa,
y desde Oviedo no habrá
a la tierra castellana
apenas ochenta leguas
que a pie, cualquiera las anda.
La codicia del dinero
mordió a Pedrín en el alma,
y con una muda la hombro
en la punta de una vara
dejo la aldea  una noche
que llovía y que tronaba.
Pedrin en la villa y corte,
entre ocupaciones varias
al fin se agarró a la cuba
y de aguador sentó plaza.
¡Nacido a orillas de un rio
tenia afición la agua!
En diez años de trabajos
veinte onzas fueron mandadas
con las que compró su madre
dos tierras y cuatro vacas.
También mandó a su Blasina,
tres duros para una saya
y otros dos para un pañuelo
y unos pendientes de plata.
Blasa lo quería tanto
que diez años aguardaba
y él no tuvo otro cariño
que su cuba y su Blasa.
El amor no pesa mucho
pero la cuba es pesada
y al subir las escaleras
también Pedrin descansaba.
Siempre mojados los pies,
y mojadas las espaldas
del pecho fuese picando
y el aliento le faltaba.
De nuestra tierra querida
sentía la ausencia larga,
pero las ochenta leguas
difícilmente se andan
teniendo un pulmón de menos,
Como a Pedrin le pasaba.
(Llegara pausa para dar más interés a lo que sigue)
Al despertar de su sueño
encontrose una mañana
del hospital de San Carlos
en la más oscura sala.
ya perdió el nombre Pedrín;
número diez le llamaban
y solo iba algún domingo
a verle algún camarada.
Pobre mártir del trabajo
su triste vida se apaga
pero el último suspiro
que de su pecho escapaba,
cruzo por las galerías
buscando salida franca;
Siguió por la carretera
saltando nieves y escarcha
y aún caliente con el fuego
de la postrera esperanza,
llegó al concejo de Pravia;
beso la rugosa frente
de su madre acongojada
y busco tumba amorosa
entre los labios de Blasa
( esta relación debe decirla el actor con marcado acento de verdad y sentido, pero sin darle tono dramático)…
JUANON.- A poco me haces llorar
PACHIN.-Coge la cuba , y en marcha
Tú a la fuente, yo a mi cuarto
a disponer lo que falta
que salgo para la tierra
en el mixto de mañana
JUANÓN.-  Si no nos vemos, adiós…(Le da la mano)
PACHÍN.-  Deja que abrace a esa ingrata
Le toma el hombre cariño
Cun el roce hasta a su carga ( abraza la cuba)
JUANÓN.- ¡Adiós Pedrín”
PACHÍN.- ¡Adiós Juan!
JUAÓN.-  Y que te mejores
PACHÍN.- Gracias,
         Si ya respiro mejor;
         Si es aprensión…si no es nada,
         Sino que al nombrar la tierra
         Quiere salirseme el alma.
        ¡Adiós!...Cosa de aguadores…
        ¡Hasta por los ojos agua!
( sube llorando la escalera y desaparece por la izquierda. Juanón se va por el Foro)



Para despedirme utilizare lo que canta el coro al final de la obra :

Que le vamos a hacer
a sufrir y aguantar
El que quiera comer,
tiene que trabajar

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